Muchas veces solo se acude a Dios en momentos de desesperación y necesidad, pero no olvides que el recuerdo de Dios siempre llega a la mente tranquila, a la mente en paz. Si tu día no ha ido bien o te sientes agobiado, tómate el tiempo para enfocarte en los “qué” y en “quiénes” por los que estás agradecido de tener en tu vida. No te duermas sin dar sinceras gracias a Dios por lo que ha sido tu día. Este simple ejercicio te permite apreciar tus bendiciones. Puedes comenzar diciendo: Querido Dios: Gracias por darme razones para pensar que esta vida es maravillosa. Gracias porque cada noche te llevas mis preocupaciones y mis miedos para que pueda despertar con fe e inspiración. Gracias por sembrar en mi conciencia alegría y amor para que pueda despertar en paz. Gracias por regalarme risas y la compañía de mis ángeles, gracias por la salud, por mi familia, por mis amigos… La lista puede ser larga, y nunca se agota siempre hay razones para estar agradecido.

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